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Subsidios y el valor del Trabajo

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Leyendo un poco sobre la situación social en Gran Bretaña a principios del Siglo XIX, encontré una frase de Karl Polanyi (científico social y filósofo, 1886-1964) donde analiza una medida inglesa denominada “Speenhamland” “creado en 1795 por los jueces y personas de orden del distrito de Berkshire, quienes se reunieron en Speenhamland para debatir cómo hacer frente a la hambruna que estaba padeciendo la población del territorio como consecuencia de la inflación. Los magistrados descartaron la opción de establecer un salario mínimo para los trabajadores y en su lugar tomaron la decisión de crear un subsidio para los pobres. El sistema speenhamland tendría como finalidad la de complementar las rentas de las familias jornaleras cuyos ingresos no fueran suficientes para cubrir las necesidades básicas de alimentación y vivienda. El subsidio sería financiado con un impuesto negativo sobre la renta de los contribuyentes. Los jueces fijaron como referencia un nivel de ingreso mínimo que variaba según el número de miembros de cada familia y el precio del grano en el mercado en cada momento. Por tanto, si sube el precio del pan también lo haría proporcionalmente el subsidio.” [1]

La frase de Polanyi sintetiza el efecto abrumador de esta medida:

“A la larga el resultado fue desastroso. Si bien fue preciso que transcurriese cierto tiempo para que el bajo pueblo perdiese todo amor propio, hasta el punto de preferir el socorro de los indigentes a un salario, el salario subvencionado con fondos públicos estaba avocado a caer tan bajo que necesariamente se vería reducido a proporcionar una vida ‘on the rates’ pagada por el contribuyente. Las gentes del campo se pauperizaron poco a poco; como decía el refrán <<un día ‘on the rates’, siempre ‘on the rates'”>>. SIN EL EFECTO PROLONGADO DEL SISTEMA DE SUBSIDIOS, NO SE PODRÍA EXPLICAR LA DEGRADACIÓN HUMANA Y SOCIAL QUE TUVO LUGAR EN LOS INICIOS DEL CAPITALISMO” [2]

Consideremos ahora una cita escrita hace ya 100 años, por la escritora Elena G. White, tal vez una respuesta a medidas asistencialistas que se están tomando en todos los ámbitos de la sociedad (Estado, ONG, Iglesias, etc.):

“Los métodos de ayudar a los menesterosos deben ser considerados con cuidado y oración. Debemos pedir sabiduría a YHWH, porque él sabe mejor que los mortales de vista tan corta cómo debe cuidarse a las criaturas que él ha hecho. Hay quienes dan sin discriminación a todo aquel que solicita su ayuda. En esto yerran. Al tratar de ayudar a los menesterosos, debemos esmerarnos por darles la ayuda debida. Ciertas personas continuarán haciéndose objetos especiales de la caridad mientras se les ayude. Dependerán de otros mientras vean algo de lo cual puedan depender. Dándoles más tiempo y atención que lo debido, podemos estimular su ociosidad, incapacidad, extravagancia e intemperancia.
Cuando damos a los pobres debemos preguntarnos: “¿Estoy estimulando la prodigalidad? ¿Estoy ayudándoles o perjudicándoles?” nadie que puede ganarse la vida tiene derecho a depender de los demás.
El dicho: “El mundo me debe el sostén,” tiene en si la ESENCIA de la MENTIRA, del FRAUDE y el ROBO. EL MUNDO NO DEBE EL SOSTÉN A NADIE QUE PUEDA TRABAJAR Y GANARSE LA VIDA. Pero si alguno llega a nuestra puerta y pide alimento, no debemos despedirlo hambriento. Su pobreza puede ser el resultado de la desgracia. […] En vez de estimular a los pobres a pensar que pueden conseguir que se les provea gratis o casi gratis lo que necesitan para comer y beber, debemos ponerlos en situación de ayudarse a sí mismo. Debemos esforzarnos por proveerles trabajo y, si es necesario, enseñarles a trabajar. Enséñese a los miembros de las familias pobres a cocinar, a hacer y arreglar su propia ropa, a cuidar debidamente su casa. Enséñese cabalmente a los niños y niñas algún oficio u ocupación útil. Debemos educar a los pobres para que se sostengan a sí mismos. Esto será un auxilio verdadero, porque no sólo les dará sostén propio, sino que los habilitará para ayudar a otros.” [3]

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Mi deseo es que aquellos llamados como “Daniel” y “Jose” en nuestra época, que ocupan cargos de responsabilidad (sea en una escuela, en una ONG, sociedad de fomento, iglesia, o sea cual fuere el cargo público) puedan aportar un valor fundamental a la sociedad que es el valor del TRABAJO, un regalo que hizo el Padre celestial a la humanidad ni bien el hombre fue puesto en el Jardín del Edén. Y si no ocupas un cargo público, si no estás en una posición de responsabilidad, igualmente poder hacer tu parte en la asistencia al necesitado sin negarle la dignidad de enseñarle a conseguirlo por voluntad y decisión propia. 

“¿Has visto hombre solícito en su trabajo?
No estará con los de baja condición, sino entre los reyes.” (Prov. 22:29)

Leandro Pena

http://twitter.com/leanpena

[1] Wikipedia, “Sistema Speenhamland”. URL: http://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_Speenhamland (23/05/2014)
[2] Polanyi, Karl; “La gran transformacion. Critica del liberalismo económico.” Madrid, Ediciones de la Piqueta. 1989. Cap. 7 “Speenhamland”. Pág. 122-123. URL: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/download/854.html (23/05/2014)
[3] WHITE, Elena G.; “Joyas de los Testimonios”. ACES, Buenos Aires, 1993. Tomo 2, pp.515-516. URL: http://wikiwhite.com.ar/Serie%20Mensajes%20para%20la%20Iglesia/Joyas%20de%20los%20Testimonios%20T2.html (23/05/2014) en http://wikiwhite.com.ar

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