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Sexo, corrupción y una interna feroz en la cúpula de la Iglesia

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Un informe secreto al Papa, filtrado a la prensa, cuenta casos de chantajes entre homosexuales, luchas de poder y robos. Las graves revelaciones condicionan la elección del sucesor de Benedicto.

La más explosiva de todas las revelaciones por las luchas de poder en el Vaticano que empujaron a la abdicación a Benedicto XVI estalló ayer. Todo ocurre en medio de los preparativos para el Cónclave que probablemente a partir del 10 u 11 de marzo se reunirá para elegir al sucesor del Papa que dimitió “por falta de fuerzas para cumplir con mi misión”.

El diario La Repubblica y el semanario Panorama, dos de los medios más influyentes de Italia, difundieron contenidos de “La Relationem”, el informe al Pontífice con los ultrasecretos dos volúmenes forrados en cuero rojo por un total de 300 páginas que cuentan las historias de lucha por el poder, chantajes de poderosos grupos homosexuales e historias de una difundida corrupción en los sacros Palacios vaticanos.

La llaman “la máquina del fango” que condicionará el Cónclave. Un monstruo crece en el trasfondo de la Capilla Sixtina, escenario de la asamblea de cardenales para elegir al futuro Papa, que será el convidado de piedra presente como un espectro junto a los 116 cardenales electores.

Ya hay un grupo de purpurados que empezaron a temblar porque se entrecruzan acusaciones de haber protegido a cientos de curas pedófilos que cometieron miles de “horribles delitos” y son señalados en los medios de comunicación, azuzados por los grupos antagónicos que se dañan los unos contra los otros y hacen más daño a la misma Iglesia.

No se había visto nunca en muchos años este espectáculo que rodeará de sospechas la elección del sucesor de Joseph Ratzinger, que dejará de serlo el jueves próximo. El auspicio es que el nuevo pontífice esté por encima de cualquier condicionamiento y vaya adelante con una barrida de las miserias y debilidades de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, contra los grupos de presión y las facciones de poder.

A raíz de las filtraciones de documentos secretos fuera del Vaticano, el “VatiLeaks”, una parte de las cuales fueron atribuidas a la traición del mayordomo del pontífice, Paolo Gabriele, condenado a una pena casi ridícula y graciado por el Papa, Benedicto XVI nombró una comisión de tres veteranos y expertos cardenales. Durante ocho meses, estos prelados investigaron a fondo. Jaime Herranz, jurista emérito del Opus Dei; el ex arzobispo de Palermo, Salvatore De Giorgio; y Josef Tomko, de 88 años, ex jefe de La Entidad, como la llaman –o el Sodalitium Pianum, los servicios secretos vaticanos formalmente disueltos hace años, pero que mantiene las antenas extendidas. Los tres entrevistaron cardenales, monseñores, monjas, empleadas y los mismos colaboradores estrechos del Papa.

Todas las semanas el cardenal Herranz informaba de los avances de la investigación a Benedicto XVI y el 17 de diciembre la comisión le entregó su informe final, “La Relationem”.

La relación está en la caja fuerte del pontífice y allí quedará en los apartamentos sellados hasta que el nuevo Papa tenga acceso al documento más explosivo de la Iglesia actual.

De todas las cosas que allí se narran con la firma de los entrevistados, lo que más impresiona son las redes transversales unidas por su orientamiento sexual. Por primera vez en los aposentos pontificios se escucharon las palabras “impropiam influentiam”, para definir los chantajes homosexuales.

La Repubblica asegura que “La Relationem” gira en torno a la violación de dos mandamientos: el sexto sobre la fornicación y los actos impuros; y el séptimo, que ordena no robar.

El informe es explícito. Algunos altos prelados sufren la “influencia externa” chantajista, de laicos a los que están ligados por vínculos de “naturaleza mundana”, léase homosexuales.

Hay muchos nombres y circunstancias. Como el caso de monseñor Tommaso Stenico, suspendido tras una entrevista televisiva en la que contó de encuentros homosexuales en el Vaticano. Hace tres o cuatro años estallaron los grandes escándalos de obras públicas en la era berlusconiana, con un personaje central, el Gentilhombre de Su Santidad, Angelo Balducci, acusado de gestas homo con prostitutos que actuaban en el Vaticano. La homosexualidad no está en discusión, pero sí la condena intransigente de una Iglesia con tantos personajes de conductas “non sanctas” en una materia en la que de palabra no se admiten pausas ni renuncias.

Otro personaje en la cuerda floja sería Marco Simeon, director de la RAI, la radiotelevisión italiana en el Vaticano, protegido del cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. La RAI acaba de quitarlo del cargo. Simeon estaría relacionado con el centro “Priscilla”, adonde acudían personajes que deberían cuidar su fama de castidad.

Entre los lugares de encuentros que refiere en detalle “La Relationem”, según La Repubblica, figuran “un sauna en Quarto Millo”, un centro estético en el centro de Roma, una residencia universitaria en vía Trasone y una residencia privada “utilizada como domicilio romano por un arzobispo” del norte de Italia. En las mismas estancias vaticanas se consumaban los encuentros que la “lobby homosexual” controlaba.

En cuanto a la violación del septimo mandamiento, es extenso el relato en el informe de los cardenales de los casos de corrupción, en particular relacionados con el IOR, el banco del Papa, y la administración de la Ciudad del Vaticano.

Fuente: Clarin

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