Repensar el SIDA, lo que no nos han dicho

El SIDA está considerado como una enfermedad infecciosa causada por un virus llamado VIH (Virus de la Inmunodeficienciadiario16_sida2 Humana), que destruye el sistema inmunitario. Este virus se encuentra en las secreciones sexuales (semen) y en sangre, por lo tanto, las vías de transmisión son: las relaciones sexuales, transfusiones de sangre o hemoderivados, el uso compartido de jeringas y transmisión madre-hijo.

Hasta 1993, el Sida era un síndrome que reunía diferentes enfermedades ya conocidas anteriormente (tuberculosis, neumonías recurrentes, linfoma, demencia, etc.) y atribuidas a una causa común: el VIH. Si un paciente sufría una de dichas enfermedades, se le llamaba por su nombre clásico y se trataba de acuerdo con el problema. Cuando dicho paciente tenía además anticuerpos del VIH, pasaba a denominarse SIDA y había que tratarlo como tal. Ahora bien, en enero de 1993 se revisó su definición y desde entonces ya no es necesario tener una de esas enfermedades para considerar a un paciente enfermo de SIDA. Hoy en día sólo se precisa ser seropositivo (tener anticuerpos o defensas que genere el organismo ante la presencia de un microorganismo) al VIH y tener una cifra de linfocitos T4 inferior a 200, para estar diagnosticado y tratado de esta enfermedad, aunque la persona goce de perfecta salud.

Postura Disidente

Desde su inicio se culpabilizo al VIH de ser la causa de este síndrome y se vaticinó una gran epidemia. Sin embargo, no existen argumentos consistentes que sustenten este planteamiento. Numerosos científicos de primera línea, considerados disidentes) estándvd_RepensarElSida cuestionando la hipótesis oficial. Sus apreciaciones son las siguientes:

  • El VIH no responde al criterio de los postulados de KOCH, que son las condiciones que debe cumplir un microorganismo para considerarlo el responsable de una infección. Un ejemplo es que debe estar presente siempre en el paciente infectado, cosa que no ocurre en el SIDA, ya que un 10-20% de los pacientes, el virus no está presente. Otra premisa es la que marca que debe ser posible aislar al germen que causa la infección. En el caso del VIH, en la mayoría de los casos el virus se encuentra en proporciones mucho menores que otros virus de la misma clase. Un virólogo alemán Stefan Lanka, afirma que el VIH no existe porque todavía nadie ha sido capaz de aislarlo. Por lo tanto se utiliza una forma indirecta de medirlo que es a través de la carga viral o anticuerpos. Tampoco el VIH ha provocado la enfermedad cuando se ha introducido experimentalmente en chimpancés o accidentalmente n personas, como es el caso de las que recibieron las transfusiones en Australia, pues siguen sanas después de quince años.
  • Con el paso del tiempo es cada vez más evidente que la mayoría de las personas seropositivas no desarrollarán nunca el Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), puesto que está en regresión desde hace ya algunos años, y porque la presencia de anticuerpos habla de que el virus ha sido neutralizado por el sistema inmune.
  • La situación en Africa y en Haití acentúa las dudas sobre la hipótesis del VIH como origen del SIDA, ya que esta población tiene muchos individuos seropositivos y pocos casos de enfermos de SIDA (con enfermedades marcadoras del síndrome), lo que debilita la idea de una epidemia.
  • Todas las enfermedades incluidas en el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, se dan igualmente en pacientes que no tienen el virus. Su frecuencia sigue en crecimiento paralelo al de los pacientes con la misma enfermedad, pero que tienen VIH. Parece que la evolución de esta patología es independiente del virus.
  • El VIH ha sido incapaz de matar en cultivos a células T4 (linfocitos o glóbulos blancos), a pesar de que está activado y presenta concentraciones muy superiores a las que se observan en el organismo. Por lo tanto diagnosticar SIDA por la reducción de linfocitos T4 es un grave error, ya que existen diversos factores que no son el VIH que producen este efecto: estrés, depresión, cáncer, enfermedades autoinmunes, radiaciones, antibióticos, corticoides, toxicos como el “poppers” (drogas vasodilatadoras que se utilizan, sobre todo en el colectivo homosexual, para mantener relaciones sexuales durante más tiempo, al igual que el “viagra”), infecciones como la tuberculosis, vejez, etc. Además, el descenso de los linfocitos T4, que es la medida de evolución de la enfermedad, no tiene ningún efecto a largo plazo. Por eso existen personas con cifras normales de T4 y con SIDA, y personas sanas con cifras bajísimas de T4.

Hipótesis oficial del VIH

Los defensores de la hipótesis oficial del VIH – que suelen no tener en cuenta la opinión de los disidentes, los excluyen de sus congresos y boicotean la lectura de sus trabajos – tienen dificultades para mantener su teoría.

  • Para defender la relación de la infección (seropositivos) con el cuadro clínico del SIDA, han ido variando progresivamente el tiempo de latencia de la enfermedad, desde los dos años que se sugerían al inicio, hasta los diez o incluso más que la realidad actual exige, sin ningún criterio clínico.
  • Para justificar la epidemia que no se produce, se han ido incrementando las enfermedades que se engloban en el síndrome, siendo en la actualidad treinta y dos y, además se acordó el cambio de definición que incluye como enfermos de SIDA a aquellos pacientes que tienen una tasa de T4 por debajo de 200, doblando de esta manera el número de casos de SIDA en un año.
  • Para solucionar el molesto tema de los pacientes con SIDA, T4 bajos, y sin virus, se ha inventado una nueva enfermedad: “linfocitopenia idiopática de T4”, que significa disminución desconocida de T4 de origen desconocido. Y a los pacientes con cualquiera de las 32 enfermedades que se incluyen en el síndrome y que no son seropositivos, se les clasifica con el nombre de la enfermedad concreta y asunto concluido.
  • El misterio de las personas VIH positivas que no desarrollan ninguna enfermedad, ha sugerido la idea de virus defectuosos o feroces sistemas inmunes.

 

 

Hipótesis disidente

La hipótesis más extendida entre los disidentes es la que asegura que las enfermedades que agrupa al SIDA son independientes unasQue-Tal-Si-Todo-Lo-Que-Crees-Acerca-del-Sida-Fuera-Falso-9780967415314 de las otras y que están causadas por factores variados relacionados con determinados comportamientos o conductas y con hábitos de riesgo. Por lo tanto, y siguiendo esta lógica, el SIDA no existe como síndrome y el VIH no es su causa, por lo que en ningún caso es transmisible la enfermedad. En realidad el VIH es un invitado que, como otros virus de su familia, vive pacíficamente en el organismo de aquellos que por sus malos hábitos le facilitan el acceso. De esta manera, no tiene ningún sentido el tratamiento con análogos de nucléosidos, como el AZT, o con modernos inhibidores de las proteasas, ya que lo único que consiguen es destruir un virus inocente, al mismo tiempo que aniquilan el sistema inmunitario (el incremento inicial de T4 que sigue al tratamiento se debe a la reacción de estas células ante un estímulo agresor importante y sin efectos duraderos).

El incremento desde la década de 1970 de estas enfermedades, en que está presente la inmunodeficiencia y que se atribuye al VIH, se relaciona con el consumo de heroína, cocaína, poppers, alcohol, anfetaminas, Valium, antibióticos de amplio espectro, corticoides y otras muchas sustancias extrañas al organismo, incorporadas en los últimos años y de uso frecuente entre los homosexuales y pacientes con enfermedades de transmisión sexual, especialmente en varones, hecho que explicaría el predominio de la enfermedad en el sexo masculino del mundo desarrollado.

El hambre y la miseria, dos factores que van en aumento en los países africanos como consecuencia de los conflictos bélicos y la colonización del mundo occidental (fomentando la perdida de los medios tradicionales de sustento y supervivencia de estos pueblos) justifica el incremento de enfermedades que siempre han existido y se dan muy especialmente en este continente en proporción similar en hombres y mujeres.

Esta hipótesis también da una explicación satisfactoria a las personas diagnosticadas de SIDA sin virus y a las seropositivas sin SIDA, sobre todo si se tiene en cuenta que quienes padecen las enfermedades que se incluyen en el síndrome son los que comparten los mismos factores de riesgo y que quienes abandonan a tiempo estos hábitos tóxicos o mejoran sus condiciones de vida, sin combatir con AZT o medicaciones similares al VIH (si es que lo tienen), se mantienen sanos. Los que fallecen por estas patologías lo hacen igualmente en presencia o en ausencia del VIH en su sangre.

Por lo expuesto creemos que la hipótesis disidente que considera al SIDA como una enfermedad crónica, no infecciosa, en la que existe una inmunosupresión de origen tóxico o carencial, es la más lógica y creíble.

“El médico naturista opina, Respuesta a los temas polémicos sobre nuestra salud”, Doctor Pedro Ródenas,  Océano Grupo Editorial S.A., Barcelona, España 2000: 75-80.

 

One thought on “Repensar el SIDA, lo que no nos han dicho

  1. Me preocupa la institución con sida. Ello replantea la urgencia de enfoques ceativos sobre la "enfermedad" hoy ausentes en educación, justicia, salud y la industria del entretenimiento.
    Enrique Mariscal

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