¿Estarán orando al mismo dios?

Esta vez, una noticia del viejo continente. “Diez religiones oran por la paz”, una muy bonita consigna: “Creyentes de diversas confesiones con presencia en Asturias se congregan en una reunión interreligiosa.” Como ya nos tienen acostumbrados la IASD en reuniones ecuménicas (esto es una realidad), no hacía falta incorporarlo en el títular del post; sin embargo, esta noticia ya no se limita a reuniones de confesiones… digamos… “bíblicas”.

“Diez religiones con presencia en Asturias celebrarán mañana en Gijón un encuentro para orar por la paz. Creyentes de las confesiones evangélica, protestante, adventista, musulmana, anglicana, budista, judía, ortodoxa y católica se congregarán mañana, a las siete y media de la tarde, en la Biblioteca Jovellanos, en un acto interreligioso que pueda contribuir, entre otros objetivos, a que «decaigan los prejuicios mutuos», explica Covadonga García, que pertenece a la Fe Bahá’í.

El bahaísmo es una religión monoteísta fundada «por el profeta Bahá’u’lláh en 1844, en Irán, donde ahora mismo sufre persecución», explica Covadonga García. La Fe Bahá’í cuenta con comunidades en Gijón, Oviedo, Villaviciosa, Noreña y Mieres, y «sus principios son la libre indagación de la verdad, la compatibilidad de ciencia y religión y, especialmente, el trabajo por la igualdad, la unidad y la paz entre los hombres». Bajo este espíritu, «es posible mantener este encuentro interreligioso en armonía».

Por su parte, Corsino Fernández, secretario ejecutivo del Consejo Evangélico del Principado (con unos 15.000 miembros), y pastor de la Iglesia evangélica de Contrueces, es consciente de la «la diversidad de las religiones, pero, a pesar de ello y de su teologías diferentes y dispares, es posible el diálogo y el encuentro». Un diálogo que ahuyente la idea de que «el fundamentalismo y la violencia puedan ser elementos propios de las religiones», agrega el pastor evangélico. Corsino Fernández también subraya que el diálogo interreligioso ha de producirse «en el marco de la libertad religiosa y de conciencia, necesaria en nuestra sociedad».

Respecto al contenido del encuentro, éste consistirá, «no en una confrontación de teologías», sino en «unas palabras de bienvenida, seguidas de oraciones, textos inspirados o cantos propios de cada religión para finalizar con la oración de la paz de San Francisco de Asís», explica Corsino Fernández. Precisamente a la Orden Franciscana seglar pertenece Javier Valbuena. Este grupo católico, formado por laicos que siguen la espiritualidad de San Francisco de Asís, tiene fraternidades en Oviedo, Gijón, Avilés, Villaviciosa y Vegadeo. «Al franciscanismo le corresponde la inclinación al diálogo interreligioso», a tenor de aquellos «encuentros de San Francisco con los sultanes de Egipto y de Damasco», comenta Valbuena, que a la vez destaca que la particularidad del encuentro de mañana, el segundo que se realiza en Asturias, es que «en él no hay una confesión que lleve la voz cantante o que convoque a las demás, sino que es una convocatoria conjunta». Eso sí, «se ha acordado darle el nombre de Espíritu de Asís por el encuentro interreligioso por la paz celebrado allí en 1984».

Fuente: http://www.lne.es/gijon/2010/10/07/diez-religiones-oran-paz/977093.html

A mi entender, agregar algo más a estas declaraciones que realizan los representantes de las distintas confesiones religiosas, sería una lastima. Demasiado bien explicado el modus operandi de aquellos en quienes están puestas las esperanzas de sus feligreses… ¿Esto está pasando solamente en España? ¿Acaso porque son del viejo continente, y no tienen el fervor latinoamericano?

Mientras sigan esquivando las respuestas, les dejo tres parrafos con los que comienza -de manera magistral- la mensajera del Señor, en su libro “El Conflicto de los Siglos”, p.619-620:

Los protestantes consideran hoy al romanismo con más favor que años atrás. En los países donde no predomina y donde los partidarios del papa siguen una política de conciliación para ganar influjo, se nota una indiferencia creciente respecto a las doctrinas que separan a las iglesias reformadas de la jerarquía papal; entre los protestantes está ganando terreno la opinión de que, al fin y al cabo, en los puntos vitales las divergencias no son tan grandes como se suponía, y que unas pequeñas concesiones de su parte los pondrían en mejor inteligencia con Roma. Tiempo hubo en que los protestantes estimaban altamente la libertad de conciencia adquirida a costa de tantos sacrificios. Enseñaban a sus hijos a tener en aborrecimiento al papado y sostenían que tratar de congeniar con Roma equivaldría a traicionar la causa de Dios. Pero ¡cuán diferentes son los sentimientos expresados hoy!
Los defensores del papado declaran que la iglesia ha sido calumniada, y el mundo protestante se inclina a creerlo. Muchos sostienen que es injusto juzgar a la iglesia de nuestros días por las abominaciones y los absurdos que la caracterizaron cuando dominaba en los siglos de ignorancia y de tinieblas. Tratan de excusar sus horribles crueldades como si fueran resultado de la barbarie de la época, y arguyen que las influencias de la civilización moderna han modificado los sentimientos de ella.
¿Habrán olvidado estas personas las pretensiones de infalibilidad sostenidas durante ochocientos años por tan altanero poder? Lejos de abandonar este aserto lo ha afirmado en el siglo XIX de un modo más positivo que nunca antes. Como Roma asegura que la iglesia “nunca erró; ni errará jamás, según las Escrituras” (Juan L. von Mosheim, Institutes of Ecclesiastical History, libro 3, siglo XI, parte 2, cap. 2, nota 17), ¿cómo podrá renunciar a los principios que amoldaron su conducta en las edades pasadas?
La iglesia papal no abandonará nunca su pretensión a la infalibilidad. Todo lo que ha hecho al perseguir a los que rechazaban sus dogmas lo da por santo y bueno; ¿y quién asegura que no volvería a las andadas siempre que se le presentase la oportunidad? Deróguense las medidas restrictivas impuestas en la actualidad por los gobiernos civiles y déjesele a Roma que recupere su antiguo poder y se verán resucitar en el acto su tiranía y sus persecuciones.

Cuando el protestantismo extienda la mano a través del abismo para asir la mano del poder romano, cuando se incline por encima del abismo para darse la mano con el espiritismo, cuando, bajo la influencia de esta triple unión, nuestro país repudie todo principio de su constitución como gobierno protestante y republicano, y haga provisión para la propagación de las mentiras y seducciones papales, entonces sabremos que ha llegado el tiempo en que se verá la asombrosa obra de Satanás, y que el fin está cerca.”
JOYAS DE LOS TESTIMONIOS, T.2, p.151

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