Daniel 2 – El sueño de Nabucodonosor (Parte 1)

Temperancia para entender las profecías

En el artículo anterior, estudiamos el primer capítulo de Daniel y la difícil prueba que tuvo en las cortes babilónicas. El relato bíblico puede ser muy enriquecedor, pero los animo a que busquemos la perla oculta, la verdad presente que Dios mismo desea darnos a conocer, una aplicación para quienes nos ha tocado vivir las últimas hojas de historia humana. Pensemos en lo siguiente, antes de que fuese revelada cualquier profecía a Daniel, tuvo que pasar la prueba de la temperancia. Así también, para quién desee entender realmente lo que Dios inspiró en su profeta, deberá obedecer las mismas reglas. Obviamente aquí no haremos hincapié en detalles sobre los cuidados de la salud (recomendamos si, el blog www.reconquistandoeleden.blogspot.com, con excelente material para comprender mejor estos temas), pero veremos este punto en cuestión nuevamente cuando analicemos el capítulo 10.

Programa de Radio (Transmitido el día sábado, 25 de junio de 2011)

Una profecía significativa
Daniel, sin lugar a dudas, recibió junto con el apóstol Juan en Apocalípsis, las profecías más significativas de la Biblia. Sus extraordinarias profecías van desde su misma época – 603 antes de Cristo – y abarcan todos los grandes imperios antiguos hasta los modernos estados de la actualidad, la segunda venida de Cristo y el fin del mundo, con detalles y una precisión escalofriantes, que sin lugar a dudas revelan su origen sobrenatural y divino.

Quien estudia la profecía del capítulo 2 de Daniel, debe estudiar y compararla con la profecía del capítulo 7. Para dicho fin, presentamos un análisis individual de cada una (cap. 2 y cap. 7), y asimismo un tercer estudio que pone ambas profecías paralelamente una al lado de la otra.

La Historia:
La profecía del capítulo 2 del libro del profeta Daniel, dice que el poderoso rey Nabucodonosor II de Babilonia, tuvo un sueño revelado por Dios (Daniel 2:1-6). Eso significa que el Señor también se ocupa de aquellos que no lo conocen, y los busca de una manera muy especial. Muchos entienden los sueños como una revelación de Dios dada unicamente a sus profetas, sin embargo, los sueños (cómo veremos en estudios posteriores) no significan una prueba para demostrar que una persona es profeta o no.

Pero ocurrió algo que a todos nosotros nos ha sucedido alguna vez con nuestros sueños: a la mañana siguiente de haber tenido el sueño, el monarca no podía recordar nada. Sabía que se trataba de algo muy importante, pero no podía recordarlo. Así fué que llamó a su cuerpo de adivinos, magos y sabios para que le revelaran el sueño, pero no lograron satisfacer la necesidad del rey.

“En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu, y se le fue el sueño. Hizo llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y caldeos, para que le explicasen sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey. Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el sueño. Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive; dí el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación. Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares. Y si me mostrareis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y favores y gran honra. Decidme, pues, el sueño y su interpretación.” (Dan. 2:1-6)

En la mayoría de los imperios – y aún en la actualidad – es costumbre de los monarcas rodearse de adivinos, magos y astrólogos. Sin embargo, este pedido tan inusual y difícil del rey Nabucodonosor verdaderamente puso a prueba los pretendidos poderes sobrenaturales de sus magos y adivinos, quienes obviamente no pudieron resolver el enigma. Furioso, el monarca amenazó con matar a todos los sabios y adivinos del reino.

¿Quiénes eran estos magos, astrólogos y adivinos?

Los magos practicaban la magia, o lo que se entiende por esta palabra tomada en su peor sentido; es decir, que cumplían todos los ritos supersticiosos y las ceremonias de los adivinadores, echadores de suertes y otra gente de esta laya. Los astrólogos eran hombres que aseveraban predecir los acontecimientos por el estudio de los astros. La ciencia o superstición de la astrología era extensamente cultivada por las antiguas naciones orientales. Los encantadores eran personas que pretendían comunicarse con los muertos. Este es el sentido que tiene la mayoría de las veces la palabra “encantador” en las Escrituras. Los caldeos aquí mencionados eran una secta de filósofos análogos a los magos y astrólogos, y se dedicaban al estudio de las ciencias naturales y las adivinaciones. Todas estas sectas o profesiones abundaban en Babilonia. El fin que perseguía cada una de ellas era el mismo: explicar los misterios y predecir los acontecimientos. La diferencia principal que había entre ellas estribaba en los medios por los cuales procuraban alcanzar su objeto. La explicación que deseaba el rey pertenecía por igual a la esfera de cada una de las profesiones; así que convocó a todos sus miembros. Para el rey era un asunto importante. Estaba muy perturbado, y por lo tanto dedicó toda la sabiduría de su reino a la solución de su perplejidad.” (Urías Smith, Daniel y Apocalipsis, Tomo 1, p.18-19)

Los babilonios eran devotos de muchos dioses, entre ellos Marduk, dios de la sabiduría y protector de la ciudad, cuyo nombre popular era Bel, y Shamash, dios del sol. Pero en esta ocasión, por más peticiones y ruegos a Marduk y Shamash, todo resultó en vano. Así que el rey cumplió su palabra: ordenó matar a los sabios del reino. La costumbre de los reyes de aquella época era matar no sólo al culpable, sino a toda su familia, de manera que esta situación fué verdaderamente dramática.

Algunos censuran severamente a Nabucodonosor en este asunto, y le achacan el papel de un tirano cruel e irracional. Pero ¿no aseveraban acaso esos magos que podían revelar las cosas ocultas, predecir los acontecimientos, dar a conocer misterios que superaban completamente la previsión y la penetración humanas, y hacerlo con ayuda de agentes sobrenaturales? No era, pues, injusto Nabucodonosor al exigir que le hiciesen conocer su sueño. Cuando declararon que nadie podía revelar el negocio del rey sino los dioses cuya morada no era con la carne, confesaron tácitamente que no tenían comunicación con esos dioses, ni tenían más conocimiento que el que la sabiduría y el discernimiento humanos podían impartir. “Por esto” sintió el rey “ira y grande enojo.” Vió que él y todo su pueblo
eran víctimas de un constante engaño. Aunque no podemos justificar las medidas extremas a las cuales recurrió al decretar su muerte y la destrucción de sus casas, no podemos sino sentir cordial simpatía por él y la condena que pronunció sobre esa clase de miserables impostores. El rey no podía tolerar la improbidad ni el engaño.” (Urías Smith, Daniel y Apocalipsis, Tomo 1, p.20-21)

Daniel, un joven hebreo exiliado en Babilonia, era parte del grupo de sabios o consejeros, pero no fue incluido en el grupo que se había presentado ante el rey. Cuando llegaron para arrestarlo, pidió algo de tiempo para resolver el difícil y exigente pedido del rey, y le fue concedido. Entonces oró fervientemente al Señor para que le revelara el sueño y su significado.

La oración de Daniel en agradecimiento a la respuesta del Señor es digna de considerar: sus palabras deberían llevarnos a una reflexión como cristianos, teniendo la plena seguridad en que Dios está al timón de todo gobierno.

“Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz. A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto del rey.” (Dan. 2:20-23)

“En los anales de la historia humana, el crecimiento de las naciones, el levantamiento y la caída de los imperios,” parecen depender de la voluntad y las proezas del hombre.  Los sucesos parecen ser determinados, en gran parte, por su poder, su ambición o su capricho.  Pero en la Palabra de Dios se descorre el velo, y contemplamos detrás, encima y entre la trama y la urdimbre de los intereses, las pasiones y el poder de los hombres, los agentes del Ser misericordioso, que ejecutan silenciosa y pacientemente los consejos de la voluntad de Dios.” (EGW, La Educación, p.169)

“Comprender estas cosas, comprender que “la justicia engrandece a la nación” ; que “con la justicia será afirmado el trono” y con “misericordia” (Prov. 14: 34; 16: 12; 20: 28); reconocer la obra de estos principios en la manifestación del poder que “quita reyes, y pone reyes” (Dan. 2: 21), es comprender la filosofía de la historia.” (EGW, La Educación, p.175)

“Aunque las naciones rechazaron los principios de Dios y provocaron con ese rechazamiento su propia ruina, es evidente que el propósito divino predominó y se manifestó en todos sus movimientos.” (EGW, La Educación, p.177)

“La historia que el gran YO SOY ha trazado en su Palabra, al unir los eslabones de la cadena profética desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, nos dice dónde estamos hoy en el transcurso de los siglos, y qué es lo que se puede esperar del futuro.  Todo lo que la profecía anunció que sucedería hasta el presente, ha sido registrado en las páginas de la historia, y podemos estar seguros de que todo lo que vendrá aún se cumplirá en su orden.” (EGW, La Educación, p.178)

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